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    ¿Y si no dejas esta lectura para “dentro de un ratito”?: ¡evita la procrastinación!

    En solo unos minutos, estarás leyendo las claves para evitar la procrastinación, así que resiste el impulso y sigue adelante. Un adelanto: la solución está en saber de dónde viene y cómo evitar que afecte tu vida en el largo plazo.

    En cada época, las tecnologías han generado hábitos sociales nuevos; en la nuestra, han revolucionado no solo nuestra manera de trabajar, sino la percepción respecto a qué tan productivos somos… o creemos ser. Al diseñar máquinas y procesos que eficientizan nuestra vida, hoy hacemos y producimos (¡y hasta entregamos por Amazon!) bienes en minutos u horas. Esto a su vez ha alterado nuestra percepción del tiempo: lo queremos todo más rápido, porque la vida ha tomado el carril exprés y navega en internet de alta velocidad.

    Esta percepción de la velocidad como algo deseable ha traído como consecuencia la procrastinación. Conoces muy bien esta conducta: se evidencia en expresiones como “ahorita lo hago”, “al ratito”, “ya nada más termino este capítulo en Netflix/video en YouTube y empiezo”. ¿Cómo se relaciona nuestra percepción moderna del tiempo con esta conducta? Vivir pensando en expectativas como rápido, eficiente y con calidad durante tiempos prolongados genera una alerta en el cerebro, nos pone ansiosos, y la ansiedad es el corazón del procrastinador.

    Para tener una visión más clara sobre esta conducta que suele meternos en aprietos cuando hay que entregar un proyecto, cumplir un acuerdo o acudir a una cita, Mariluz Parra Cervantes (ISE’00), EXATEC autora del libro La magia del descanso y experta en coaching directivo, comparte en entrevista exclusiva para el Blog EXATEC algunos tips para que evites por fin el “el próximo lunes sí empiezo”.

    Nuestra percepción del tiempo ha cambiado: lo queremos todo más rápido, porque la vida ha tomado el carril exprés

     

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    Mañana descanso, mañana lo entrego

    La definición exacta de procrastinar (trasmañanar) es “dejar para mañana, posponer o aplazar”. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que todos hemos postergado una actividad alguna vez: estudiar, hacer la tarea, terminar un trabajo… pero eso no nos convierte necesariamente en procrastinadores. ¿Cuándo se vuelve realmente un problema “patear el bote”?

    El origen de la palabra
    “Más allá de la definición académica, procrastinar es un estado emocional. Sucede cuando sabes que deberías estar trabajando o realizando una tarea importante, y en vez de eso preparas café, decides llamarle a tu mamá porque tiene gripe o te pones a revisar tus fotos”, señala Mariluz.

    ¿Y por qué hacemos eso?
    “El responsable es tu cerebro, que le evita al cuerpo experimentar mayor estrés o ansiedad”, señala la experta. “Aunque no seas consciente de ello, procrastinas porque te sientes mal. Los niveles de cortisol suben y, para bajarlos, el cerebro te llevará a hacer otra cosa que te provoque placer, como abrir tus redes sociales, platicar con alguien, jugar con el perro o cualquier cosa que te distraiga y sirva para disminuir la ansiedad. En ese momento sentirás alivio, pero al no concluir la tarea, la preocupación regresará y causará aún más ansiedad. Has creado un círculo vicioso”.

    Para Mariluz, a pesar del estereotipo, no se puede hablar necesariamente de algo cultural: “No solo México procrastina. A menudo, las culturas sumamente enfocadas en resultados, que tienden a dar a las personas más trabajo del que pueden realizar, provocan, irónicamente, que su gente procrastine más y sea menos productiva. En el norte de todos los países, como hay menos recursos, la gente ha tenido que salir adelante a base de más esfuerzo; en las playas, o donde los árboles tienen más frutos, el ritmo de vida es más ligero”, explica.

    ¿Qué podemos hacer para que el cerebro no actúe por su cuenta?
    “Lo primero es entender que procrastinar no es un problema de falta de voluntad, al menos no solo eso. El principal objetivo del cerebro es la supervivencia y para lograrlo necesita mucha energía, así que procura que hagamos las cosas de la forma más automática posible, guardando energía para otras cosas que realmente requieren de ella. Así, crea un caminito que va reforzado con los años. Para cambiar un hábito, es necesario trazar el camino de reversa y eso solo se logra haciendo consciencia”, explica Mariluz.

    “A nivel de cultura de la organización, hay una parte que puedes hacer tú, otra que pueden hacer tú y tu líder, y otra más que pueden hacer a nivel organización. Cuando se tiene claro el problema, se puede arreglar”.

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    Sin tardanzas: soluciones antiprocrastinación

    Para la entrevistada, tomar consciencia de por qué procrastinamos debe ser el primer paso para dejar de cometer esta conducta. “Puede ser la falta de tiempo, un exceso de tareas, la falta de planeación o una cuestión de límites. Al clarificar, es posible hacerle frente y resolver eso antes de la interminable lista de tareas”.

    La segunda acción sería enseñarle a tu cerebro a calendarizar: “De acuerdo con el llamado efecto Zeigarnik, todo el tiempo tu cerebro está buscando completar aquello que tiene pendiente. Mi recomendación es que calendarices y le digas a tu cerebro cuándo y cómo lo vas a hacer. Basta anotarlo en la agenda y poner una alarma que te lo recuerde. Con esta sencilla acción, tu cerebro va a relajarse, siempre y cuando lo acostumbres a que si pusiste la alarma a las siete, a esa hora lo harás”.

    Herramientas para agendar pendientes
    “Lo más sencillo es hacer una lista y numerarla del 1 al 10, en la que coloquemos primero lo que deba resolverse con mayor urgencia. Puedes usar una libreta o una herramienta digital. Mis favoritas son Evernote y Todoist, aunque si necesitas motivación adicional, puedes probar Foresapp, cuya novedosa forma de recompensas radica en que cada tarea que realizas hace crecer una planta. Si eres fan de los videojuegos, con Habitica puedes darle vida a personajes a través de tus tareas cumplidas; un poco de dopamina para el cerebro”, señala Mariluz.

    ¿Cómo priorizar las tareas cuando superan el tiempo que tenemos para hacerlas?
    “Elige en cuáles sí quieres dar el máximo y en cuáles conviene elegir la practicidad y aplicar la regla del 80/20, esto es: obtener el 80% de los beneficios con un 20% de esfuerzo. Ser asertivo implica tener la capacidad de exponerle a tu jefe –o socio– las tres o cinco cosas, no más, en las que procurarás ser excelente. Todas las demás las puedes resolver desde la practicidad: bien y con el menor esfuerzo. Cuando eliges conscientemente qué cosas puedes hacer solo a un buen nivel y qué otras a nivel de excelencia, te quitas el peso de hacer todo perfecto”, explica.

    “Pero yo trabajo mejor bajo presión”
    Esta expresión, que escuchamos (o nos decimos) comúnmente, no toma en cuenta, en realidad, algo importante a cuidar en el proceso de superar la procrastinación: la calidad y el desgaste con que al final hacemos nuestro trabajo.

    Para la entrevistada, “para trabajar es necesario estar concentrado. Nuevamente, si tú has reforzado ese caminito de ‘no me puedo concentrar hasta que tenga la presión muy encima’, en efecto, cuando no sientes esa presión alargas la entrega y no aprovechas el tiempo que tienes para crear y resolver, dejando todo al último minuto. Si entrenas para trabajar concentrado no necesitas la presión”.

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    Cinco valiosos tips para no procrastinar

    Mariluz Parra propone estos cinco consejos veloces para evitar la procrastinación:

    1. Hazte autoconsciente. Pregúntate continuamente cómo te sientes, ponle un nombre a la emoción y date el tiempo de descubrir de dónde viene.
    2. Aprende a relajarte. Después de cuarenta y cinco minutos de trabajo continuo, toma de tres a cinco para estirarte, beber agua y respirar.
    3. Cuida la energía y el descanso. La higiene del sueño es la mejor manera de mantener nuestra pila cargada. Si duermes mal (menos de ocho horas) estás viviendo con tu pila en rojo.
    4. Encuentra las cosas que te hacen descansar. Hay personas a las que les funciona la pintura, otras prefieren socializar o manejar en carretera. Encuentra lo que te funcione mejor y dale el tiempo necesario.
    5. Haz una lista de pendientes. Antes de cerrar el día haz un plan con pasos de las cosas pendientes; dale a tu cerebro un recordatorio para calmar la ansiedad.

     

    ¡Lo lograste!

    Si llegaste al final, ¡felicidades! Hemos dado juntos un gran paso en tu proceso de autoconocimiento. Tal y como nos señala Mariluz, el bienestar es integral, y una vez que logras completar tus tareas laborales, también podrías enfocarte en cuidar otras áreas, como el disfrute, la alimentación y el tiempo con la familia. 

    Vivir en el aquí y el ahora es una buena medida para lograr el balance. Rápidamente, ¿te pones en marcha?

     

    FUENTES

    1.- Blog de Mariluz Parra

    2.- 'La magia del descanso' de Mariluz Parra

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